Al infinito y más allá

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Suspendidas en la pared, de pie o como parte de una instalación, las esculturas de David Henderson parecen artefactos de otro mundo con formas extravagantes y sensuales. A los ocho años, el libro Skylark of Space, del escritor de ciencia ficción Edward Elmer Smith, cavó hondo en Henderson y lo animó a construir su propia nave espacial. Del cosmos a la escultura lo transportó, no una nave espacial, sino la decepción de no poder construirla.

Los años pasaron y ante la imposibilidad de navegar el universo, David Henderson decidió crear naves escultóricas que construyeran su propio espacio. La idea parece rebuscada pero se enmarca dentro de las leyes más simples de la percepción visual. El escultor explica que la geometría de las curvas conduce al ojo inconsciente y automáticamente a completarlas. La figura que más utiliza Henderson es el torus, que se parece a un donut o a un bagel y cuyo centro atrae la mirada hacia su forma completa dando la impresión de ampliar y recrear el espacio alrededor de la figura. Así, sus esculturas si bien no se desplazan por el espacio lo transforman a través de la lógica de la geometría.

Todas esas curvas, además de producir efectos visuales engañosos, confieren a sus esculturas una sensualidad irresistible. Aéreas y al mismo tiempo monumentales, las esculturas de Henderson parecen desafiar la gravedad. El efecto no podría lograse sin materiales especialmente ligeros. Tanto los materiales como los métodos de construcción de la mayoría de las piezas son los mismos que se utilizan para la fabricación de aviones pequeños ultralivianos. El artista realiza el esqueleto de sus esculturas en espuma y luego lo recubre con fibra de vidrio y resina epoxi. Finalmente, para darles un acabado suave y delicado, lija las piezas con un tejido termo-retráctil. Henderson realiza todo el proceso a mano, meticulosamente, después de haber diseñado cada una de las piezas digitalmente.

La instalación Breve historia de la aviación es singular dentro de su obra. Armada a partir de paneles curvilíneos, la escultura se inspira en el bellísimo techo gótico de la Abadía de Bath, del siglo XVI. Esta estructura, llamada bóveda de abanico, es típica de la arquitectura gótica inglesa. Los encantadores paneles de Henderson parecen alas desplegadas y constituyen un homenaje al arcaico deseo del hombre de volar. ìEs extraordinario que alguien haya construido algo así en el siglo XV. Mi idea fue sacar esa estructura del contexto religioso y construirla en un ambiente moderno, con nuevos materialesî explica el artista.

Las mágicas piezas de David Henderson conjuran nuestra inquietud ante los misterios del universo a través de la expresión de una belleza serena y sensual. Sus hechiceras formas ondulantes, que parecen tener vida propia, nos producen la impresión de que todo es posible y destacan el enorme poder de creación del hombre en el desconocido e inmenso universo.

Fotos cortesía David Henderson
www.davidhenderson.org